EL CENTRO CULTURAL TORRENTE BALLESTER DE FERROL ABRE SUS PUERTAS A LA ESTRATEGIA DEL AVESTRUZ
POSIBLEMENTE LA ÚLTIMA OPORTUNIDAD DE VER LA FUNCIÓN FUERA DE VIGO

A la hora de crear este espectáculo que habla, entre otras cosas, de la búsqueda de la felicidad en la era de la insatisfacción, nos hemos apoyado en un texto de Aldus Huxley de (por desgracia) enorme actualidad.
El gobierno, por medio de porras y piquetes de ejecución, hambre artificialmente provocada encarcelamientos en masa y deportación también en masa, no es solamente inhumano (a nadie, hoy día, le importa demasiado este hecho); se ha comprobado que es ineficaz y en una época de tecnología avanzada la ineficacia es un pecado contra el espíritu santo. Un estado totalitario realmente eficaz sería aquel en el cual los jefes políticos todopoderosos y su ejército de colaboradores pudieran gobernar una población de esclavos sobre los cuales no fuese necesario ejercer coerción alguna por cuanto amarían su servidumbre. Inducirles a amarla es la tarea aignada en los actuales estados totalitarios, a los ministrios de propaganda, los directores de los peródicos y los maestros de escuela. Pero sus métodos todavía son toscos y anticientíficos. Grande es la verdad, pero más grande todavía, desde el punto de vista práctico, el silencio sobre la verdad. Los más importantes proyectos Maniatan del futuro serán vastas encuestas patrocinadas por los gobiernos sobre lo que los políticos y los científicos que intervendrán en ellas llamarán “el problema de la felicidad”, en otras palabras, el problema de lograr que la gente ame su servidumbre. Sin seguridad económica, el amor a la servidumbre no puede llegar a existir; en aras de la brevedad, doy por sentado que se llega a resolver el problema de la seguridad permanente. Pero la seguridad tiende muy rápidamente a darse por sentada. Su logro es una revolución meramente superficial; externa. El amor a la servidumbre sólo puede lograrse como resultado de una revolución profunda, personal, en las mentes y los cuerpos humanos. Para llevar a cabo esta revolución necesitamos, entre otras cosas, los siguientes descubrimientos e inventos. En primer lugar, una técnica mucho más avanzada de la sugestión, mediante el condicionamiento de los niños y, más adelante, con la ayuda de las drogas, como la escopolamina. En segundo lugar, una ciencia plenamente desarrollada, de las diferencias humanas, que permita a los dirigentes gubernamentales destinar a cada individuo dado a su adecuado lugar en la jerarquía social y económica. (Las clavijas redondas en agujeros cuadrados tienden a alimentar pensamientos peligrosos sobre el sistema social y a contagiar su descontento a los demás). En tercer lugar (puesto que la realidad, por útopica que sea, es algo de lo cual la gente siente la necesidad de tomarse vacaciones), un sustitutivo para el alcohol y los demás narcóticos, algo que sea al mismo tiempo menos dañino y más placentero que la ginebra o la heroína. Y finalmente (aunque éste sería un proyecto a largo plazo, que exigiría generaciones de dominio totalitario para llegar a una conclusión satisfactoria),un sistema de eugenesia a prueba de tontos, destinado a estandarizar el producto humano y a facilitar así la tarea a los dirigentes. Ya hay algunas ciudades américanas en las que el número de divorcios iguala al número de bodas. Dentro de pocos años, sin duda alguna, las licencias de matrimonio se xpenderán como las licencias para perros, con validez sólo para un período de doce meses, y sin ninguna ley que impida cambiar de perro o tener más de un animal a la vez. A medida que la libertad política y económica disminuye, la libertad sexual tiende, en compensación, a aumentar. Y el dictador (a menos que necesite carne de cañón o familias con las cuales colonizar territorios desiertos o conquistados) hará bien en favorecer esta libertad. En colaboración con la libertad de soñar despiertos bajo la influencia de los narcóticos, del cine y de la radio, la libertad sexual ayudará a reconciliar a sus súbditos con la servidumbre que es su destino.
Después de sopesarlo todo bien, me pareció que la Utopía se hallaba más cerca de nosotros de lo que nadie hubiese podido imaginar hace sólo quince años. Hoy parece posible que tal horror se implante entre nosotros en el plazo de un solo siglo. Usted es quien paga con su dinero y puede elegir a su gusto.
“No, yo no quiero confort.
Yo quiero a Dios, quiero la poesía, quiero el verdadero peligro, quiero la libertad, quiero la bondad, quiero el pecado.”
ALDUS HUXLEY

